Vacaciones en el SAT|OPINIÓN

Por: Salvador Echeagaray

-Mira me llegó un correo del SAT-

– ¿Qué es eso? –

-De Hacienda, de Lolita-

– ¡Ah! ¿Y sobre qué? –

-Que tengo que declarar sobre los ingresos que me pagó la constructora donde supuestamente trabajo. –

– ¿Tú trabajar en una constructora? Pero, si ni puedes hacer una casita con el Lego de los niños. –

-¡Ay, mujer!-

Y sí estimado lector. Tenga cuidado. Están los dueños de las llamadas empresas fantasmas justificando sus ingresos mediante los incautos contribuyentes.

Y puede ser que con el tan traído y llevado asunto del robo de datos o el comercio ilegal de los mismos, estén sacando injusto provecho a esa privada información.

El correo que me llegó dice, -palabras más, palabras menos-, “que no se tiene información de tus ingresos (me hablan de tu) y retenciones en uno o varios meses de acuerdo con lo siguiente:” y enumera una lista que de enero a agosto de 2017 recibí, supuestamente, de CAGI Constructora y Arrendadora SA de CV la cantidad de 2,423.22 pesos, lo que hace un total de 19, 465.76.

Mas adelante dice el comunicado “te invitamos a validar la información”. Bueno, el caso es que tuve que interrumpir mis humildes vacaciones e ir el miércoles de Semana Santa a las oficinas del SAT. ¿Y qué creen? No se arregló nada.

Para empezar, a la entrada revisaron mi mochila y vieron que traía una humilde mini lap (con la que este, también, humilde artículo escribo) y me hicieron que firmara en una hoja marca, modelo y número de serie del arte- facto. Y yo pensando, “si los rateros están en otra parte”. Pero, bueno. En el módulo una mujer joven (ya el decir señorita parece retrógrada) muy amable, por cierto, me dijo que para mi atención tenía que generar una contraseña al fin de poder ingresar a la página del SAT y arreglar mi problema.

-Con este número tiene que pasar al módulo 18.-

-¡Va!-, dije entusiasmado.

Después de generar mi contraseña, (que imaginaba yo sería secreta), pues la tuve que anotar con tinta y luego firmar. Bueno, después de vuelta al módulo inicial, la amable muchacha me genera otro número y ahora tuve que pasar a otro módulo, donde había como 50 laptops nuevecitas. -¡Ah!, pensé, -con razón me hicieron firmar por mi humilde mini lap. No me fuera a llevar una de éstas-.

También, había un ejército de jóvenes y jóvenas, con (a). (Ya sé que no está bien decir así, pero es lo trendy, la tendencia, pues´n).

-Pase a la computadora 19.-

Bueno, después de seguir la secuencia de los números, logré dar, no sin cierto trabajo con la compu. -¿Y ahora qué?- Decido preguntar al estudiante hombre joven, por no decir señorito, qué debía de hacer para generar un reporte según mi caso: el de la supuesta constructora a la que supuestamente trabajo. Obvio que no supo. Llamó a otra compañera y ¿qué creen? -Can, can, can, can- Tampoco supo. Pero, si oí que comentaron, -es el caso parecido al español que vino.-

-¿Qué vino?- Pregunté, -¿acaso un oporto, o un tinto?-

-No señor, que vino de arribar; con un problema parecido. Era maestro del ITESO, ¿usted trabaja ahí?- (Y después dicen que los mexicanos les quitamos la chamba a otros).

-No, en otra universidad.- (Me salvé de que me preguntaran si conocía a la “niña bien”).

-Por favor, entre a esta página.-

– ¡Ah, ok. Chido Wan!-

-¿Qué?-

-Dije, ¡qué bien!, “en japonés”.-

-Ah, ¿es profesor de idiomas?-

-Mire, ayúdeme mejor a solucionar ésto.-

Y después, mandaron llamar a otra señorita, seño – ahorita- porque con autoridad me dijo que tenía que hacer una cita para la semana próxima (Pascua), porque era necesario recibir asesoría legal para denunciar penalmente, ya que está involucrada una supuesta empresa fantasma.

“Llamen a Anaya, el ya se las sabe”, pensé.

Tal vez, pensaron que como soy columnista, -este hace columnas- y por eso iba pegar lo de la constructora.

El caso es que mis humildes vacaciones no fueron ni en la playa, ni en la montaña, ni en Acapulco en la azotea, sino en el SAT.

¡Válgame Dios!