Francisco y su actitud frente al adversario|OPINIÓN

El Concilio Vaticano. Foto: ForumLibertas

Por: Phil Lou

La reacción de Francisco parece a primera vista seguir el modelo de todo cristiano virtuoso, quien en el momento de recibir insultos reza por sus enemigos; toda la historia de la Iglesia, desde sus orígenes hasta nuestros días, está repleta de estos ejemplos.

Ahora, la pregunta que lógicamente sigue es ¿si al sucesor de San Pedro, se le puede resistir de manera legítima, utilizando tales calificativos, cuando este último incurre en graves desviaciones en materia de Fe? La epístola a los Gálatas 1.8 está clara al respecto: “Pero, si aún nosotros, o un ángel del cielo, os anunciara otro evangelio contrario al que os hemos anunciado, sea anatema”.

Porque, es muy conveniente declarar, así como lo hizo en un encuentro reciente con jesuitas en Chile (Revista jesuita “La Ciudad Católica”. Edición 15/02/18) que no encuentra bondad espiritual en sus contrincantes. Pero, ¿en qué consiste una bondad espiritual? Si entramos en el campo de la percepción sensorial para definir el nivel de bondad del ser humano, rápidamente vamos a caer en el universo demencial de las chacras, vibras y otras locuras…

Cabe recordar que la religión no se basa en sentimientos, sino en la Fe, aliada a la razón.

Al enfrentar a lo que él llama una dificultad, y no como lo especifica esta resistencia, término que consistiera, según Francisco, a rendirse frente al adversario y a deshacerse del “pedazo de verdad” que existe en todo conflicto. ¡Qué bueno que Francisco reconozca implícitamente la existencia de la Verdad, aun si la presenta como si se tratara de un pedazo de carne desmenuzado.

Ahora, el problema es definir dónde está la Verdad, pues al contrario de los relativistas que opinan que cada quien tiene su pedacito de verdad, la Iglesia Católica afirma que la Verdad es Una.

Para salir de este callejón sin salida, Francisco propone plantear a su interlocutor lo que realmente piensa, “para colocar las cosas en su contexto y tratar de eliminar la reacción que puede haber surgido de un malentendido y partiendo del hecho de que las cosas deben ser repetidas para mejor ser entendidas”.

Puedo admitir que a veces se necesita explicar las cosas de otra forma, pero estoy de acuerdo también, con un escritor francés del siglo XVI, Nicolas Boileau, cuando afirmaba que “lo que se concibe bien se enuncia de manera clara y las palabras para decirlo, llegan naturalmente”.

Al final, aunque esté consciente de la existencia de campañas y sitios que promueven la resistencia al Concilio Vaticano II, “Nihil novum sub sole” (nada nuevo bajo el sol”)… “sé quién soy, conozco los grupos, pero no les leo por simple mente por salud mental.”

Pues, déjeme decirle que si estuviera tan convencido de la justeza de sus argumentos, por amor a Cristo, moviera cielo y tierra para convencer a sus hermanos errantes, así como lo hicieron en su tiempo los apóstoles que recorrieron el mundo para anunciar el evangelio al precio de su vida.

¿Dónde está el amor a Cristo y a sus enseñanzas? ¡Francisco, rezamos para tu pronto regreso en el camino de la Verdad!