¿No voy a votar?|OPINIÓN

Imagen de Archivo/Cuarto Poder

Por: Salvador Echeagaray

No voy a votar por alguien que se alaba a sí mismo, que se autoelogia, como impoluto, sin una sola falta. Eso es lo peor del orgullo, de la soberbia.

¿Quién podría gobernar un país así? Todo lo que él haría u omitiría estaría bien. ¿Quién podría cuestionarlo si es perfecto? Y ¿qué tal si su gobierno fuera el mejor?

Pero, no parece que así vaya a ser, por la autosuficiencia mostrada, por la autoproclamación mesiánica.

Tampoco, voy a votar por alguien, que se rodea de Judas y de ladrones y los redime por la fuerza de su palabra. Ya porque fueron llamados, ¿son limpios de alma?

No voy a votar por alguien que, aunque otros lo alaben como una persona honesta y bien preparada, haya trabajado para corruptos, o que se haya hecho de la vista gorda con las corruptelas de otros, pues, quien caya u oculta un delito, se hace cómplice del mismo.

Tampoco votaría por quien haya impulsado medidas contra la economía de los más necesitados, pues, aunque los más pobres no tienen coche en México, el aumento a las gasolinas provoca inflación en todo.

Nunca votaría, por alguien que se proclamase amante de la democracia y haya hecho a un lado a sus compañeros de partido -que también tenían lícitos deseos y apoyo popular para ser candidatos y fueron apartados por el brazo que tira de la mesa, platos y cubiertos-.

No voy a votar por quien deseando ser presidente de México tiene a su familia viviendo fuera del país, dando a entender que el territorio que quiere gobernar no es digno de albergar a su propia sangre.

Nunca votaría por un payaso que se autoproclama a sí mismo como el pendenciero y da a su tarjeta de presentación la tozudez y la estulticia. Para broncas hemos tenido muchas los mexicanos. No sería buena la personificación de la misma.

No voy a votar por alguien que aunque parece buena y bien intencionada no tiene una plataforma que la apoye, pues sus propuestas no tendrían ninguna sustentación en los Poderes de la Unión.

Tampoco voy a votar por alguien, con apellido extranjero y que ni en su casa lo conocen.

-A ver, ¿qué estas escribiendo?

-Mira-.

-Ah, ¿por qué no dices que nos vas a votar porque de seguro vas a estar viendo el futbol? Ah, verdad, eso no lo dices-.

-Ay, mujer-.