Sonó la música en el Panteón de Zapotlanejo

Uno de los tantos músicos que amenizaron el Día de Muertos en el Panteón Municipal. Foto: Lucía Castillo

Por: Lucía Castillo

Don Petronilo Marroquín de la Torre cantaba corridos cuando vivía. Pero los de ese entonces contaban historias de gente que existió, por eso transmitió el conocimiento de esas canciones a sus nietos. Él señor Marroquín de la Torre murió hace como 11 años pero hoy, en Día de Muertos, en su tumba tocan dos mariachis.

Petronilo Marroquín era abuelo de Sergio Bustos Marroquín. Él contrató a los mariacheros vestidos de negro, que con música, recorrieron gran parte del panteón rumbo a la cripta de Petronilo para cantarle.

“Le gustaban las canciones alegres, hay una especial que le gustaba a mi abuelo, es muy antigua, muy añeja y se llama Los Barandales del Puente”, recuerda Sergio Bustos.

Ahí, en la misma tumba está también Miguel Marroquín Dávalos, él es tío de Sergio y murió hace unos seis años.

“Es recordar a nuestros muertos pero con gusto. Recordar lo que les gustaba, lo que nos dejaron de herencia que en este caso es la música, que es una alegría”, contó Sergio Bustos en el Panteón Municipal de Zapotlanejo.

Cada año, la familia Marroquín se reúne al pie de la tumba y contrata algún grupo musical que amenice el, regularmente, silencioso lugar.

“En vez de recordarlos con tristeza, nos reunimos para celebrar lo que les gustaba. México es muy peculiar, celebra hasta sus muertos y venimos a cantarles”.

Llevarle música a los que eran adultos y ya murieron es una costumbre que inició en 1930, pero desde el virreinato ya se hacía con los niños o niñas difuntos, a quienes se les cantaba toda la noche del funeral.

“Es que los niños están libre de pecado. Se celebra su muerte porque van directo a la gloria. Pero el adulto está lleno de pecados. Eso de música a los adultos es moderno”, explicó Juan Frajoza, cronista de Yahualica e historiador del Centro de Estudios Históricos de la Caxcana.

“Los tradicionalistas por ninguna razón le pondrían música a un adulto. Sólo le cantarían el alabado y otras alabanzas para espantar al chamuco”, comentó Frajoza.

Pero las costumbres cambian. Ahora, el panteón zapotlanejense tiene música casi cada que se entierra un muerto, y en noviembre, desde el día primero y hasta muy noche del día 2 suena la música por todos lados.

Sentados sobre una tumba, miembros de un grupo musical esperan ser contratados por algún vivo que quiera música para su difunto. Foto: Lucía Castillo

Cinco canciones para los difuntos

Corridos, música norteña y canciones movidas es lo que le gustaba a Martín Camarena Vázquez, tal como lo recuerda su hijo, Juan Luis Camarena.

En vida, hacía fiestas, “agarraba norteños”, dice Luis. Él contrató una banda que tocó cinco canciones en la tumba de su papá y su abuelo: Felipe Camarena Vázquez.

El grupo tocó lo que a los difuntos les alegraba y lo que a los vivos les agrada.

“Siento bonito porque a ellos les gustaba mucho el ambiente, la música, para mí no es algo malo, son cosas que a ellos les gustaba y al hacerlo, pienso que se sienten ellos contentos. Me nace hacerlo, eran muy alegres”, reflexionó Juan Luis Camarena.