Ojalá me rescaten|OPINIÓN

Por: Héctor S. Echeagaray

Penumbra, oscuridad, respiración complicada. Entumecimiento de piernas, de brazos. Miedo, angustia. Olores fétidos. Calor intenso durante el día, frío insoportable en la noche. Tan cerca pero, a la vez tan lejos, se oyen los picos, las palas, las cierras. Algunos aturden, otros se perciben distantes, más lejanos aún, con la inconsistencia de que si llegará o no la ayuda. -¿Aquí moriré?- Se preguntan, -¿me rescatarán?-

A cada minuto, a cada instante que pasa la esperanza crece o se disipa. La angustia es tal, que minutos y horas se vuelven años y siglos. Todo transcurre tan lento, pero a la vez el corazón se agita en vertiginosa rapidez cuando se piensa en la muerte. -¿Se acabará el oxigeno?-, vuelve la duda la inconsistencia. -Pero, Dios, ¿porqué a mi? Mejor hubiera muerto. Bueno, mejor no. ¡Ojalá me rescaten!-.

El tiempo sigue pasando. El reloj no deja de mover sus lánguidas y vejatorias manecillas. La esperanza se empieza a desvanecer. -¿Qué hay de todo?. El segundero es rápido pero, aquí adentro, hasta puedo verlo estático. ¡Qué angustia! ¿Cuándo me han de sacar, cuándo me he de morir?-.

El monólogo anterior, aunque ficticio, bien pudo haber sido la introspección de alguien recientemente atrapado en los escombros producidos por el pasado terremoto, del 19 de septiembre. Sabemos que este sismo afectó muchas construcciones de la ciudad de México y el Estado de Morelos, así como algunas zonas en Oaxaca y Chiapas.

Foto de la zona del desastre, tomado del Twiter de PC CDMX

Pero, este coloquio interno, no debe ser –nada- con la verdadera angustia de quien está vivo, pero paradójicamente, sepultado entre toneladas de cemento, ladrillos, cal y tierra.

¡Qué triste, qué difícil situación! Y otra angustia debe ser la de los familiares que tienen a alguien atrapado en los escombros. Su dolor está lleno de esperanza o desesperanza. No sabemos, habría qué ver cada caso en particular.

Lo que sí sabemos en que nuestro México sigue sufriendo, sufre corrupción de sus gobernantes, sufre violencia, sufre pobreza y ahora esto. ¿Qué hicimos los mexicanos para merecer tal suerte? ¿Es castigo o el precio por vivir en esta tierra llena de colorido y de abundancia?

Hay opiniones de todo. Pero, estas tragedias a veces nos abren el corazón para pensar en otras formas de explicaciones.

De tantas cosas que hemos leído últimamente en internet, sobre las causas de este terremoto, nos llamó la atención una nota.

Ésta decía que en el momento de los terremotos se estaba llevando a cabo un exorcismo a un hombre de Michoacán, poseído por varios demonios, mismos que dijeron que el terremoto es un castigo de Dios por haber los mexicanos aceptado el aborto, en el mismo lugar donde se apareció su madre. (Lo que hoy es la CDMX).

-También leímos, que si la ley que aprueba el aborto no se retira antes del 8 de diciembre de 2017, se vendrá un terremoto más fuerte.

Así las cosas. Como dice la mexicana canción: -¿Será verdad, será mentira?- Mejor habría que tomar precauciones.