El velorio de Juárez|ARTÍCULO

La recámara de Juárez en Palacio Nacional. Foto: Edgar Olivares

La recámara de Juárez en Palacio Nacional. Foto: Edgar Olivares

Por: Don Juvencio De Arcos

A las 11 y media de la noche del 18 de julio de 1872 murió don Benito Juárez García, aquel hombre que ocupó ocho veces la presidencia de México: 15 años ocupó esta silla y muchos historiadores opinaban que de no ser por la muerte habría seguido muchos años más en el poder.

Vivía don Benito Juárez con su familia en una pequeña casa, junto al edificio de Palacio Nacional, en el ala norte del recinto, con puerta a la calle de Moneda y frente a esta casa estaba el palacio del Arzobispo de México, de manera que los dos enemigos tenían forzosamente que saludarse todos los días. Eran vecinos.

Lerdo de Tejada, como nuevo presidente, llegó al domicilio de Juárez cuando este ya había pasado a la otra vida. Las habitaciones de Don Benito Juárez estaban llenas de dolientes familiares del finado, algunos ministros, el Regente del Distrito Federal y destacados miembros de la masonería y del Partido Liberal.

Se reunieron estos señores con Santacilia, yerno de Juárez y acordaron llevar el cadáver al salón de Palacio Nacional a fin de que ahí recibiera las honras funerales, pero antes, los doctores Alvarado Barrera y Lucio, redactaron y firmaron el acta de defunción del Presidente, luego en un catre lo recargaron cuatro criados. Luego, el cuerpo de Juárez fue trasladado a una habitación en la que los mismos médicos procedieron a embalsamar el cadáver.

Terminaron su trabajo a las 7:00 de la noche y entonces el cuerpo del Presidente fue expuesto en un ataúd: vestía frac, llevaba guantes negros, reflejaba su rostro como si estuviera dormido, según un cronista: tres días estuvo expuesto el cadáver en el Salón de Embajadores de Palacio Nacional.

A las 5:00 de la mañana del 19 de julio, los cañones de Palacio Nacional dieron a los habitantes de la Ciudad de México la noticia de la muerte del Presidente Juárez.

Tan pronto el cuerpo del difunto fue expuesto en el catafalco, una gran muchedumbre de gente acudió a rendirle el homenaje póstumo y corrió el rumor de que Juárez había recibido los últimos sacramentos de la Iglesia Católica poco antes de su muerte, pero la versión fue desmentida por su yerno Pedro Santacilia y los representantes de la Masonería, ya que Juárez era Masón, grado 33; el encargado por parte de la familia era su yerno Santacilia, ya que doña Margarita Maza ya había muerto hacía año y medio: el 2 de enero de 1871, a la edad de 44 años, lo que afectó mucho a Benito Juárez.

La pérdida de su esposa, con la cual procreó 11 hijos –algún día escribiré algo de la vida ejemplar de este mujer, quien a pesar de ser la primera dama del país, sufrió mucho cuando los franceses invadieron-.

Siguiendo con el velorio de este gran hombre, al no tener algún símbolo religioso católico, sí tenía los de la orden de la Masonería. El día 23 se efectuó el solemne funeral. El cortejo salió del Palacio Nacional, fue por los Portales de las Flores, Diputación y Mercaderes, calles de Plateros, San Francisco, Santa Isabel, la Mariscala: por estas calles cruzó el cortejo hasta llegar al panteón de San Fernando.

A los dignatarios de la Iglesia Católica les habría gustado seguramente impedir el entierro de Juárez en un lugar sagrado, ya que él fue enemigo número uno del Clero y además murió impenitente, pero los sacerdotes no podían impedir esta sepultura, ya que la leyes de Reforma habían convertido en civiles los cementerios religiosos.

Después de un tiempo de no escribir en este periódico, espero que mis historias les gusten. ¡Hasta la próxima!

Don Juvencio, en imagen

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